Estaba pensado, si yo creyera en los creadores de la biblia, los apóstoles y demás innegablemente interesantes cuentos, podría empezar a actualizar el Nuevo Testamento. Quizás un nombre tan poco original pero divertido como Neo-Testamento sería el Hit. Porque Nü-Testamento suena cutremente chocante.
De cualquier manera, lo primero que actualizaría sería esta enseñanza de Dios de dar la otra mejilla si alguien te cachetea.
Por cierto, sé que este comentario es fuera de lugar pero yo podría matar a alguien que me toque la cara.
Ajá. El cambio sería así:
SALUDA AL ENEMIGO.
Saludar a la persona que consideras detestable no te hace inmediatamente hipócrita sino políticamente correcto.
Saludar a la persona que consideras detestable no te hace inmediatamente hipócrita sino políticamente correcto.
Entre todo lo zorramente ególatra que puedo llegar a ser, me considero una persona sabiamente poco tolerante. Desecho del valioso y reducido círculo de mis amistades a quien descubro no vale la pena. Es como una nada piadosa exfoliación de personas no gratas que prefiero que no estén vinculadas con mi existencia.
No sólo las borro del Facebook, twitter y del celular sino principalmente de mi vida. Las aparto cuando descubro que no son más que seres oportunistas que no tienen más que ofrecerme qué interés, su propio, vacío e insustancial interés. Los aparto cuando sé que no son confiables sino enemistosos seres falaces que, como verán, no es sano tenerlos cerca. No tan cerca. So, sin paliativos, así, los desecho.
Que se queden por el mundo dando lástima y reproduciendo lo que alguna vez hiciste con ellos o intentando inútilmente ser un duplicado de tu identidad es otro cuento. Es más, este es otro cuento, así que a lo que vamos:
SALUDA AL ENEMIGO. La clave de la educación.