jueves, 23 de junio de 2011

El MUST de la semana. Bodas de Sangre


Yo siempre he dicho que todas las mujeres sueñan con casarse. Lo acepten o no, es así. Hoy, mañana o más adelante. Todas quieren que las detengan en un aeropuerto y les den un anillo; quieren una boda, quieren una luna de miel, sentirse como Anita Ekberg y que las besen en la Fontana de Trevi, todas las mujeres quieren, y quieren y quieren. Quieren que las quieran ¿por siempre?


Algunas anhelan vivir en la Costa Brava y sentirse tan musas como la Gala de Dalí. Otras quieren tener muchos niños y hacer Pilates mientras están en el Kínder.
Pero hay mujeres de mujeres, también lo digo. Y están las que no sólo sueñan con casarse sino que van más allá: que también sueñan con ser viudas. Pero viudas de verdad. Damas. Regias.

¿Por qué?

Hay mujeres que de viudas se ven más guapas. Señoras de la alta sociedad que nunca lloraron. Qué van al velorio en Prozac y a la cama en Tafil. Que nadie sabe los sentimientos que esconden detrás de sus oscuras gafas. Dando cada paso montadas en filosos tacones Louboutin con esa suela roja que grita la verdad. Viudas que en el funeral nadie les tiene lástima. Todos les guardan intriga.


Mujeres que se quedan solas con un secreto difuminado, un secreto que tratan de olvidar y que un buen día llega alguien a despertar…

Bodas de sangre por Manuel Gerardo Sánchez

El reportaje es de uno de los venezolanos jóvenes con mayor habilidad en la pluma: Manuel Gerardo Sánchez, sobre un tentativo suicidio- intento de homicidio, en lo que se podría llamar el “jet-set” caraqueño: es algo que todos deben leer.

Manuel Gerardo hizo una pulcra investigación con destellos de glamour, amor, ironía, engaños, y sangre. ¿El resultado? Genial.


Entrevistó a esa víctima que se puede llegar a vestir de asesina según lo que nos asoma la historia. Habló con sus amistades cercanas, lejanas y las más falsas. Los que la conocían y los que no la querían. Con sus compañeritas del Merecí. Con quienes daban la cara y con quienes la escondían.


Viajó más allá de los perdidos y amarillentos expedientes de la Fiscalía. Superó las charlas obtusas con policías. Entró, se detuvo y salió de los dimes y diretes. Y como les dije, habló hasta con la viuda en esos 15 escasos, pero reveladores, minutos que ésta le cedió en la Terraza del Hotel Marriott en su visita a Caracas,

Es un trabajo que sin duda nos deja con ganas de más periodismo criminalístico.

Y les digo:
los finales felices son subjetivos.
Hay mujeres de mujeres, recuérdalo.


Bodas de sangre.

 

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