sábado, 9 de julio de 2011

Clase de Protocolo I: Saluda al enemigo.


Estaba pensado, si yo creyera en los creadores de la biblia, los apóstoles y demás innegablemente interesantes cuentos, podría empezar a actualizar el Nuevo Testamento. Quizás un nombre tan poco original pero divertido como Neo-Testamento sería el Hit. Porque Nü-Testamento suena cutremente chocante.

De cualquier manera, lo primero que actualizaría sería esta enseñanza de Dios de dar la otra mejilla si alguien te cachetea.
Por cierto, sé que este comentario es fuera de lugar pero yo podría matar a alguien que me toque la cara.

Ajá. El cambio sería así:


SALUDA AL ENEMIGO.

Saludar a la persona que consideras detestable no te hace inmediatamente hipócrita sino políticamente correcto.


Entre todo lo zorramente ególatra que puedo llegar a ser, me considero una persona sabiamente poco tolerante. Desecho del valioso y reducido círculo de mis amistades a quien descubro no vale la pena. Es como una nada piadosa exfoliación de personas no gratas que prefiero que no estén vinculadas con mi existencia.
No sólo las borro del Facebook, twitter y del celular sino principalmente de mi vida. Las aparto cuando descubro que no son más que seres oportunistas que no tienen más que ofrecerme qué interés, su propio, vacío e insustancial interés. Los aparto cuando sé que no son confiables sino enemistosos seres falaces que, como verán, no es sano tenerlos cerca. No tan cerca. So, sin paliativos, así, los desecho.
Que se queden por el mundo dando lástima y reproduciendo lo que alguna vez hiciste con ellos o intentando inútilmente ser un duplicado de tu identidad es otro cuento. Es más, este es otro cuento, así que a lo que vamos:

SALUDA AL ENEMIGO. La clave de la educación.


Pienso que las peleas que hacen ruido son cutres.
Que torcerle los ojos a alguien en una fiesta es de bloques marginales.
Que caer en un juego de dimes y diretes en tan insensato como infantil
Considero que te hace lucir más agradable saludar a alguien con un ¿Hola, Qué tal? que gritarle: Prefiero verte muert@.
Primero porque los deseos no se comparten con cualquiera y segundo, no es de
buena educación atacar de esa forma a alguien. Sea quien sea. Sería perder la clase, y yo primero pierdo la cordura.

Si te saludo e incluso sabes que no me caes bien o eres uno de mis desechados, no es un autoengaño que me estoy haciendo. No tengo intenciones ocultas más que el buen comportamiento.

Pero eso sí, deben asegurarse de que no pase de un saludo y quizás de una insulsa conversación. Llevarlo a otros niveles es cruzar la línea que, como he dado a entender, separa a la educación de la hipocresía.

Así que no se preocupen al saludar al estúpido que habla mal de ti las 24 horas del día. Porque hay algo que te diferencia de él: distinción, elegancia y educación.

Aprovecha esta saludable y gratuita clase de protocolo y mientras soportas la copa de Martini en una fiesta, saluda al enemigo, porque desglosando a Oscar Wilde "...no hay nada que le moleste más".

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario